Si había un libro mítico, que todo aficionado a la buena literatura esperaba como agua de mayo -este post está escrito en España y desde la tradición castellana-, ése es este. Cuando se leen las “Tesis sobre el cuento” de Piglia uno no puede hacer otra cosa que buscar con ansiedad el libro donde estén recogidas todas esas anotaciones del maestro Chéjov. Pero no había manera de hacerlo en español, por eso hay que agradecer a La Compañía, un nuevo e interesantísimo proyecto editorial argentino, que se haya lanzado a hacerlo. La traducción es de Leopoldo Brizuela desde el francés, pero ha sido convenientemente cotejada con el original ruso.
Sobra hablar de Chéjov, el que no lo conozca debería dejar de leer cosas inanes como este blog y lanzarse sobre sus libros. Una vez lo haya hecho sentirá, con toda seguridad, la necesidad de lanzarse sobre este Cuaderno de notas, ya que en él se refleja buena parte de su genialidad. En sus páginas vemos su capacidad de observación, de extraer de la realidad no lo más verosímil y sincero, que también, sino su esencia, lo más decantado de los sucesos que pueden parecernos prosaicos cuando, en realidad, están cargados de poesía. Si hay un libro que empuje al escritor a escribir es este, si hay un libro que empuje al lector a engullir toda la obra de un autor, es, también, este.
¿Por qué siguen perdiendo el tiempo frente a la pantalla?
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Cualquier lector atento y agradecido debe congratularse porque este libro se haya vendido tan bien que ya esté una reimpresión en las librerías españolas. Seguramente el empuje de una portada en el suplemento Babelia ha ayudado mucho en ello. De lo que no debe estar tan contento el lector entendido es de la selección de citas que la editorial ha recogido en la faja promocional de esta segunda tirada. Le hacen un flaco favor al libro. Para que cualquiera lo vea claro: ¿alguien se fiaria de la recomendación literaria que le hiciese alguien en la cola de entrada a un concierto de David Bustamante? Pues más o menos eso es lo que ha hecho la gente de Seix-Barral. Reza el dicho que hay que pedir a Dios que nos guarde de los enemigos que ya se debe uno dedicar a los amigos. Pues eso, con amigos así para vender el libro…
Para todos aquellos que se hayan enamorado de la escritura de Junot Díaz tras la lectura de La fabulosa vida breve de Óscar Wao, o incluso para los que se enamoraran hace ya más de diez años cuando se editaron los cuentos de Los boys -en la tierra de los yanquis Drowned- (ambos libros en Mondadori y DeBols!llo), hay una buena noticia. Se trata de la edición de tres cuentos inéditos que ha reunido la editorial Alfabia dentro de su colección Cuadernos. Una nueva oportunidad para disfrutar de la escritura fronteriza y siempre sorprendente de Junot Díaz. A raíz del éxito de su novela, ya saben Pulitzer y esas cosas, se han sucedido las críticas hacia su obra tildándola de mera traslación spanglish del ya recurrente “realismo mágico”. Eso demuestra, a grandes líneas, la capacidad lectora de muchos, ya que en sus libros no hay nada mágico, y el realismo no viene dado por aquello de lo que se habla sino por el modo de hacerlo: una lengua nueva, un discurso solidísimo que encarna como pocos la nueva realidad mestiza de los hispanos que habitan los USA.
Hace ya tiempo que unos editores decidieron apostar por autores audaces, por la experimentación, por hacer el margen más visible sin trasladarlo al centro. O sea, por defender la literatura poco trillada sin ambajes y ofrecer una salida a lo que no quiere ver el mercado. Y les ha ido bien. Ahí están algunos títulos imprescindibles del año pasado como es el caso de
Hagamos memoria para enmarcar este post:
Si hay un autor que está gastadísimo por el uso que todos han querido hacer de él, ése es Cortázar. Si hay un autor del que cada dos días aparecen textos inéditos, ése es Cortázar. Si hay un autor peligroso para todo escritor que empieza, ése es Cortázar. O sea, que Cortázar es mucho, y eso es algo que no debemos olvidar, pero que, frecuentemente, olvidamos. Tal vez el tiempo no ha pasado muy bien por Rayuela -que, por cierto, están comenzando a descubrir los lectores lusos ya que, hasta este año, nunca se había traducido al portugués-, y que a día de hoy si por algo quedará Cortázar en la memoria de todo lector será por su capacidad única para utilizar y reutilizar un mismo concepto dentro del cuento: lo ominoso, la presencia de ese algo que nunca se nombra y que, sin embargo, logra hacerse doblemente visible a través de su ausencia. O sea, para los que les guste y para los que no, Cortázar es un autor de referencia. Si, como es el caso, se edita un libro que alumbra alguna parte especialmente oculta o poco transitada de su vida y obra, resulta doblemente interesante.
Lucette Destouches fue la segunda mujer de Céline, la que convivió con él a lo largo de los últimos venticinco años de su vida, quizás los más convulsos y contradictorios de la existencia del gran escritor francés. Quizás, también, los que muchos de sus lectores y seguidores hubieran preferido que fueran más distintos, ya que fue en esta época cuando se forjó la imagen de fascista y filonazi del novelista galo. En un monólogo que Véronique Robert editó y reprodujo, se aprecian las contradicciones del esposo y las singulares vivencias que vivió la pareja a causa de los vaivenes políticos que les tocó vivir. Más allá del interés que para todo lector de Céline tiene el libro, este texto quedará fijado como uno de los más esclarecedores documentos sobre la convivencia entre un escritor, con sus obsesiones, miserias y fantasmas, y una persona que lo quiere y admira por encima de todo, y de todos. Un pedazo de historia excelentemente encuadernado por sus editoras.
Vamos a citar a los Petersellers. En una de sus canciones dedicada a The Ramones, decían que el secreto del grupo neoyorkino radicaba en que todas sus canciones se parecen y todos sus discos son iguales que el primero. De alguna manera se podría decir más o menos lo mismo de Adalbert Stifter. Todos sus libros son más o menos iguales, hablan de lo mismo y con los mismos elementos, y siempre desde una sencillez y honestidad envidiables. Quizás por eso todo lector de Stifter se engancha y no lo suelta hasta que lo ha leído todo. Como el año pasado tuvo la oportunidad de disfrutar de toda una sobredosis:
Aunque me ha costado mucho admitirlo, yo creo que llevo un dandi dentro. Si te piensas media hora qué calzoncillos te compras, te preocupas de llevar siempre un calcetín de cada color, te encanta que los amigos ensalcen las camisetas con que vistes y sabes la diferencia de un corte u otro a la hora de elegir chaqueta, es que eres un dandi. Luego la gente no se dará cuenta y pensará que uno es un desaliñado, pero alguien atento sabrá que uno puede llegar a matar a quien le considere descuidado. Y en esas estamos. Afortunadamente, la gente de Antonio Machado libros se ha animado a traducir el Diccionario del dandi de Scaraffia. Un libro donde se demuestra el encanto irrefrenable de la superficialidad y la sabiduría que reside en lo frívolo. Porque en un mundo donde, en todo momento, hay que ser enormemente trascendente, casi disfruta uno más de las banderillas de un hábil conversador que de las farragosas verdades de los popes impuestos desde los altos estratos de esa cosa que llamamos la sociedad (saciedad). Vamos, que llegado a unas alturas disfruta uno más de los siempre divertidos textos de Monzó, por ejemplo, que de los sermones de Saramago, entre otras cosas porque uno sabe que hay más verdad en los aguijonazos que en las peroratas.