Información

UNO. Información, sociedad de la información, lo importante es estar informado. Tópicos que escuchamos todos los días. Y muchas preguntas que me hacen los lectores de Vivir del cuento. Y eso es Monrovia, un lugar donde no aparecen todas las convocatorias de actos en torno al mundo del libro, ni todas las publicaciones, ni todas las noticias, sino tan solo las que poseen verdadero y contrastado interés.

DOS. Cualquier jugador asiduo de Trivial Pusuit sabe dónde está Monrovia y también sabe que es la capital de Liberia. Tal vez hay que haber un poco más de geografía para saber que Liberia es un país situado entre Costa de Marfil y Sierra Leona, y un poco de Historia para saber que se extiende por las tierras que el presidente Monroe compró para que todos los descendientes de los esclavos llevados desde África a tierras estadounidenses pudieran volver allí. Liberia es, pues, un país inventado por hombres -como todos, en realidad, le pese a quien le pese-, que querían devolver a los que habían sufrido algo, posiblemente algo mínimo, aunque fuera una reparación moral –habría que discutir mucho sobre lo oportuno de enviar a unos pobres de vuelta a un continente que, todavía hoy, está en vías de desarrollo, pero sí que es obligatorio repetir que esa opción fue siempre voluntaria.

Bien, esta Monrovia parte del mismo principio. Hoy hay muchos, muchísimos esclavos de un Imperio. El capital, el liberalismo desenfrenado que sólo sabe de contabilidad y beneficios netos. Ese Imperio –para más detalles conviene leer el libro de Negri y Hardt donde se le dio salida a este término- no parece muy interesado en ofrecer la opción a todo aquel que quiera a encontrar un medio donde expresarse. Nos tomamos, pues, la libertad de actuar como Monroe y ofrecer a todos esos esclavos una Liberia.
Monrovia es una isla, la isla de la Providencia, donde los narradores, los poetas, los pensadores, cualquiera que haga algo con palabras, pueda expresarse con total libertad, sin más límite que el de su creación.

No estamos ni en contra ni a favor del mercado, sencillamente el mercado no nos interesa, y no pensamos aceptar sus valores, sus varemos, sus criterios. Nos interesan las obras, los textos. Por eso Monrovia es horizontal, está hecha por personas y para personas. No olvidamos que el origen etimológico de la palabra persona es personae –máscara- y sabemos que todos nosotros no somos sino los distintos disfraces y aspectos de un único ser que duerme en todos nosotros –por cierto, apártense los místicos, no hagan lecturas fáciles de lo que hemos dicho-, un hombre libre que necesita por encima de todo expresarse sin imposiciones mercantiles.

Esos hombres están invitados a Monrovia, a hacerla y a visitarla.
Vamos a construirla juntos.

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